martes, 10 de agosto de 2010

Choque





Esa tarde, verdaderamente, se apagó una llama a pocos metros de donde yo estaba escribiendo. Y yo no pude hacer cosa alguna.


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A media luz las letras saben mejor. Como si el sonido de la pluma acariciando el papel susurrara lo que se ha escrito, como si el humo me envolviera con mis propias palabras.

Miro por la ventana y aún llueve. Un rayo me regala un vistazo de la noche que se moja allá, lejos, fuera del calor de mi pequeña llama

Y entonces oigo los gritos...

Allá, escondidos spor una cortina de pinos, dos autos, dos vidas, dos mundos... Chocaron

Pasan las horas, la gente sigue gritando. La lluvia no cesa, el viento sigue soplando y la luz de una vela se va, poco a poco, apagando

martes, 3 de agosto de 2010

Odio





Escrito hace mucho, mucho tiempo...
Afortunadamente, ocurrió como lo dijo mi maestra de francés: no fui tierra fértil para la venganza


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El odio... Mi cuerpo apenas ha probado un poco del amargo y vigorizante sentimiento

El odio es picante, callado, vengativo... ¿Qué es el enojo comparado a lo que siento?¿Qué el resentimiento?

¡Quiero herir! ¡Atacar! Dañar y sentir placer viendo su dolor

Ni siquiera sé si pueda hacerlo ¿Qué importa ahora lo que pueda o no hacer? ¡Importa que todo le duela! ¡Que sufra y llore y pida disculpas!

Y mientras escribo, lloro por dentro, y mientras busco venganza, me duele a mí, y me doy cuenta de que odiar duele y quema y da una energía que acabará por destruirme

No quiero odiar, no quiero estar enojada, no quiero desear venganza. No quiero, no puedo, no debo... ¡No más!

...Dichosos los que procuran la paz...

lunes, 26 de julio de 2010

Dudé tanto...





No sé si sea sólo yo o si a todos los que viajan lejos de casa les pase... Pero sé que hubo un momento en el viaje en el que me sentí más o menos así...



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Cerré la puerta, abrí la ventana, encendí la música y me tiré en la cama, así, hecha bolita.
A mi alrededor todo daba vueltas, me encerraba, me acorralaba, como amenazando con tragarme en cualquier momento.
Y entonces, lentamente al principio, fueron apareciendo preguntas en mi cabeza.
Intenté responder la primera, luego la segunda, pero la tercera llegó tan rápido, y me golpeó tan fuerte...
A partir de ahí no recuerdo mucho. ¡Dudé tanto y tantas veces!
Cada cosa que alguna vez di por cierta, desde la noche y el día hasta Dios y la vida, todo, todo lo puse en duda.
Era como si uno a uno fueran cortando cada hilo que me mantenía unida a lo que fui.
Cerré los ojos, volví a abrirlos, grité un nombre y luego dudé de mi propia voz, noté que mi corazón latía acelerado, asustado... Y luego dudé hasta del ruido de mis latidos.
Me esforcé por volver a atar los hilos, por sentir que no estaba realmente tan a la deriva, pero ataba uno y esa maldita (o bendita) conciencia cortaba tres más.
¿Cuánto tiempo estuve así? No lo sé...
Poco a poco me di por vencida, me quedé dormida...

Desperté horas después: el rostro hinchado, las manos en un puño, la luz aún entrando por la ventana y mi mente cambiada... Pero no, ya no estaba asustada. Había hallado un punto, uno solo, del que ya no dudaba.

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De la imagen: Homesickness de René Magritte

domingo, 25 de julio de 2010

Amor de luna



Textillo escrito más de broma que en serio.
Sin embargo, he de confesar, que fue inspirado en un hecho real.
¿Quién no querría escribir después de ver a un niño de dos años correr queriendo atrapar a la luna?

Para Tom

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Dicen que de pequeño me enamoré de la luna...
Yo no les creo

¿Cómo puede un chiquillo saborear los besos que yo siento cuando junto a la ventana duermo?

Cuentan que sonriendo la vi en el cielo e intenté alcanzarla corriendo

¡Pamplinas! ¿Cómo podría un chicuelo adivinar su blanca sonrisa tras el velo?

¿Que si me enamoré? Eso no lo sé de cierto

Pero que corrí intentando alcanzarla, que tropecé, caí y perdí la conciencia, eso sí que lo creo

Quién sabe, quizá perdí conciencia y cordura al mismo tiempo, y ya no recuerdo lo que es ser verdaderamente cuerdo.

Ella, mi musa, se refleja en mi pupila, y me dice que prefiere un amor loco a un amor muerto.
Yo, a ella, todo le creo.

martes, 15 de junio de 2010

Fati

Los ojos grandes (bella), las cejas gruesas (fuerte), el cabello corto (alegre)...

Aquí estoy, escribiendo... Y lejos, en otra casa, está ella.

Las uñas coloreadas (original), la curva de la nariz (elegante), los labios entreabiertos (coqueta)...

Muchas veces la veo y me pregunto si sabe amar... Si apenas la conoces, si la ves de lejos, pareciera que vive sin complicaciones, que aún juega y ríe y actúa como niña, y, como niña, no sabe de dilemas de amor.

Los oídos que escuchan (amiga), las manos que pintan (creativa), los brazos suaves (apoyo)...

Pero si te adentras un poco en su mundo... Si platicas, si observas lo que fotografía, si te deja leer un poco de su eventual poesía... Entonces te das cuenta de que no es sólo una niña.

Ella es una mujer, que ha vivido, y ha sentido mucho más de lo que muchos hemos sentido

Ahora, como ayer, está creciendo... Y mañana, como hoy, será mujer fuerte y niña alegre, será caparazón que encierra un corazón que ha sido lastimado, remendado y enseñado a amar.

domingo, 13 de junio de 2010

Ideas autodestructivas


"They all deserve to die! (...)
Because in all of the whole human race,there are two kinds of men:
There's the one staying put in his proper place
And the one with his foot in the other ones face


No, we all deserve to die!
Even you, Mrs. Lovett, even I
Because the lives of the wicked should be made brief!
For the rest of us, death will be a relief
We all deserve to die! "

Un texto que nació en un no muy buen día...
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Suelo estar feliz...
Cuando estoy entre personas, en mis ojos no falta la sonrisa...

Pero de noches y a solas, a veces me recojo en mí misma; doblo todo lo que hay fuera y lo encierro en un lugar oscuro y frío. Descubro un pozo de melancolía y decido sumergirme en él, como flor que se cierra de noche y se abre al amanecer.
Tomo mis pensamientos más destructivos, y disfruto agujereando mi corazón. ¿Qué importa si sangro? ¿Qué importa si sufro? ¡Que corra la sangre fuera de mis venas, que cansada debe estar de dar vuelta tras vuelta!

Sí, sé estar triste y llorar de vez en cuando. Seguido pienso en morir y entonces grito, y maldigo, y dejo que todo se vista de negro y vino. Seguido me culpo, seguido los culpo a ellos, seguido nos culpo a todos por seguir viviendo.
Y entonces lloro y río, todo a un tiempo, y enloquezco, y olvido...
Porque, finalmente, estoy viva, soy humana, y como todos, me han condenado a sentir y a morir, ¿a quién le importa lo que yo quiera?.
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Ahora que lo leo me parece exagerado, y dudaba si publicarlo o no, pero bueno, ya ven lo que pasó.

viernes, 11 de junio de 2010

Sacrificio





Un texto escrito porque a veces, sería bueno leer el otro lado de los sucesos...
Estoy en contra de la violencia, pero a favor de entender lo que pasa. El texto no pretende justificar hechos, pero sí entender que la violencia que nos rodea, tiene raíces profundas y humanas.


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Yo estaba ahí de pie, indeciso... Y entonces el tiempo decidió por mí.

El ruido fue súbito y ensordecedor. El edificio se hizo fuego. Trozos de vidrio y cemento se estrellaron contra mi rostro, haciéndome sangrar. Eran sus besos, estoy seguro de ello.

Caí al suelo, y ya no supe más.


Todo empezó meses atrás, le habíamos declarado la guerra al sistema.

Hambre, frío, mentiras y pobreza... Ya teníamos bastante de todo aquello.

No fue difícil pensar en ellos como los cerdos que eran ¿Que morirían muchos? ¡Qué importaba! Muchos de los míos, (niños, estudiantes, mujeres, hombres fuertes e inteligentes...) morían a diario también, y no lo merecían.

Armé dos bombas con mis manos jóvenes y ansiosas, las metí en dos viejas motocicletas y las estacioné frente al edificio.


Ya me iba, cuando la vi a ella....
Ella, la chica que en una mirada, me mostró la belleza.
La conocía desde niño... Muchas tardes las pasé a su lado, sin besarla, sin tocarla siquiera, pero bebiendo todas sus ideas.
Por ella era yo consciente de la miseria de mi gente.

Quería correr, gritar, detener las máquinas que mis torpes manos habían armado, protegerla de todo daño. Entonces sonrió, y me saludó con la mano...

No, nunca la besé, pero sé que en cada rasguño de mi piel hay un trazo de sus labios, y sé que en esa sonrisa, en ese gesto con la mano, ya me había perdonado.

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