domingo, 2 de diciembre de 2012

En mi casa

El saludo fue frío...
Ella entró por la puerta, con una taza sucia en la mano, y lo besó en la mejilla como si nada hubiera pasado.
Él la besó de vuelta, casi sin verla.
Intercambiaron unas tres frases de cortesía, y luego ella se fue, con la taza en la mano, sin mirar hacia atrás.

La historia que ocurrió en apenas dos minutos tiene, no obstante, mucho de haberse escrito.

Justo antes de entrar por la puerta, ella estaba en el piso de su cuarto, escuchando. Dejaba que, desde lejos, el sonido de su voz (la de él) la acariciara.

Justo antes de que él entrara a la casa, se había detenido en esa esquina pequeña y oscura que tantos secretos guardaba. Entre el barullo de la calle, imaginaba sus dedos largos (los de ella), y su pelo ensortijado y suave.

Un mes antes, a unos cuántos pasos de donde él se detenía ahora, una tormenta de palabras había pintado la banqueta de despedida. Que ella ya no le quería, que se hacían daño, que era tiempo de, después de tanto, separarse...

Desde ese día hasta el de hoy, ambos habían pasado ya por todas las fases: Dolor apabullante, total insensibilidad, tristeza profundísima, secreta y egoísta alegría... Todas a solas, todas sin la compañía de ese otro que, por cuatro años, había sido no otro, sino uno mismo. Faltaba sólo el saludo frío, que justo hoy, acababa de consumarse.

lunes, 22 de octubre de 2012

Volar libres

Aprendí a amarte así, como eras.
Aprendí a respetar, casi religiosamente, cada detalle tuyo. Jamás quise cambiarte, jamás quise moverte.
Fui suave, muy suave contigo
Y tú, conmigo, fuiste suave también
Me amaste como era
Me respetaste como se respeta a Dios, me permitiste ser, y fuiste feliz siendo conmigo.

Nos amamos así, de la forma más pura y más dulce en la que puede amarse.

Y luego decidí dejarte. Y te fuiste. Y creciste, y cambiaste, y te moviste.

Ahora te miro en fotos y reconozco de ti esas partes que amé tanto. A las que no conocí, a esas las admiro.

Fue un placer escribir una historia contigo. Fue un acierto dejar de escribirla.

Ahora puedo abrir el libro, releerla, comentarla contigo, y mirar hacia otro lado, y amar al hombre al que ahora amo tanto.

¡Qué gusto coincidir! ¡Qué gusto separarnos! ¡Qué gusto reecontrarnos así!

Buena vida para ti :)

jueves, 18 de octubre de 2012

Para variar, es sencillo and unthoughtful, to write just because. I just need to pulsar unas cuantas teclas y dejar que corra un río de letras. Es simple, and reckless.
Aunque nadie verá jamás this bunch of código binario, I'm allowed to write it et exprimer, comme-ci,  ce que je ne peux pas parler out loud.
Si tu veux, tu peux entrer chez moi et m'attendre lá. Ca n'est pas difficile. Tu as la clé (You've always had that key to my heart)
What'll happen when the prints you left in every path in my life start to fade? ¿Qué pasará cuando cambie los caminos que recorro, y los lugares que frecuento, y las sábanas de mi cama y la música de mi celular, y me deshaga de cada petit souvenir que j'ai de toi?
Porque ocurre que me duele más cuando no estás que cuando te recuerdo. You'd been in my life so deeply, you've touched every single and recóndito lugar de ella, que ahora, cuando de pronto dejo de sentirte, el frío y el vacío duelen más que el súbito recordarte.

lunes, 15 de octubre de 2012

En cuatro minutos pueden escribirse las más terribles confesiones.
Yo podría escribir, por ejemplo, que disfruto saberme deseada por alguien que no puede tenerme.
El control que me da algo como eso, es placentero y delicioso
En cuantro minutos podría intentar inventarme una excusa para eso, justificarlo plenamente, o rendirme ante el impulso y escribir dos notas apasionadas, para dos personas diferentes.
En cuatro minutos pueden tomarse las decisiones más impulsivas y decisivas.
Podría decidir girar la cabeza, tomar a ese chico del pelo, y besarlo como si no hubiera mañana
O correr a la dirección de mi escuela, renunciar a la carrera que estudio, y quizá (eso podría tomar unos cuántos minutos más) conseguirme un boleto de avión a quién sabe qué remoto país en África.
En cuatro minutos...
En vez de eso, he pasado cuatro minutos cometiendo la inofensiva barabaridad de manchar de negro un pedazo de pantalla blanca.

domingo, 7 de octubre de 2012

Empiezo a olvidar tu nombre...

Empiezo a olvidar tu nombre.
Lentamente, el ruido de la noche ocupa el espacio que el sonido de tu voz ocupaba en mi oído.

martes, 2 de octubre de 2012

Vivimos heridos, como niños

Texto escrito en un día triste, y justo antes de leer a Nietzsche... Todo está ahora en calma, aunque lo que entendí ese día no podré ya olvidarlo.
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Andamos por la vida con las heridas abiertas y sangrantes, con el corazón hecho garras y los labios partidos de amargura.
Andamos así, mutilados, en un mundo que se empeña en vernos vivir juntos.
Y así, sin labios, besamos. Y sin dedos, y sin manos, acariciamos.
Heridos desde siempre, y más heridos entre más vivimos, nos hemos vuelto cuerpo en la cicatriz, alegría en el dolor, sonrisa en medio del diluvio de lágrimas.
¿A quién se le ocurrió la perversa idea de amarrar el destino de un ser roto, al cuerpo parchado de una sociedad de mutilados?
Como ciegos, andamos dando tumbos contra los otros, y en el proceso, perdemos un ojo, cortamos una mano, o desangramos, con lentitud, a los que nos convencen de acercarnos. Nos vamos matando, hasta que llega el día en el que ya no queda más cuerpo qué mutilar que el propio cuerpo. Y se nos cae entonces el pelo, y nos quedamos sin ojos, sin hígado, sin páncreas, sin huesos...
Así a diario nos vamos muriendo, hasta que un día, de pronto, dejamos por fin de ser humanos.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Pasé la noche de nuestro día viendo una película que me regaló él. Tú la pasaste trabajando doble turno en un empleo al que entraste (lo sé bien) pensando en nosotros.

Te estoy haciendo daño amor.

Lenta, muy lentamente, te estoy haciendo daño.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Una relación contingente

Un beso
Habría sido muy sencillo mover la mano un centímetro más allá de la taza de café que humeaba entre los dos.
Habría sido fácil rozar con mis dedos tu mano, y acercar tus labios a los míos, y cerrar por fin en un beso el espacio que hasta entonces nos separaba.
En un beso, habría sentido tu barba rubia rozando mi barbilla, y tu respiración..¿Cómo habría sido tu respiración? ¿Se habría acoplado al ritmo de la mía? ¿Reflejaría alguna pasión hasta entonces escondida?

(En un beso tendría la seguridad de que existes y de que existo, y de que existe ese espacio compartido en el que se igualan las extrañas ecuaciones con las que la Naturaleza nos creó)

...y mi mano en tu mejilla, y la tuya en mi espalda... Y la sensación de que la única piel que existe es la que se funde con la tuya...

En un beso le habría hecho cosquillas tu bigote a mi labio, y se habría hundido mi nariz en ese aroma tan tuyo que aún no descifro. (Porque tú hueles a algo que no conozco, a algo seductor, ligeramente amargo, incomprensiblemente prohibido...)

...mis ojos cerrados, y los tuyos... ¿Habrían buscado tus ojos claros a los míos? ¿Se habrían quedado cerrados, dándole más espacio al resto de los sentidos? ¿O los mantendrías entreabiertos, para mirar el frenesí de la carne, tan sugestivo cuando se besa a quien se desea, tan angustioso cuando se besa y no se ama...?

Queda la duda.

Pero si dudo, pregunto. ¿Qué tal si le preguntara a la vida?¿Qué tal si se lo preguntara a tus brazos, y a tus labios, y a tu espalda?
Podría dejar de inventar las escenas y correr a buscarte y saber, de cierto, a qué sabe besarte...

Un beso... Si pudiera tan sólo darte un beso, y luego borrarlo todo...
Un beso
Un beso

Y después la risa
Y después el llanto

Y luego el olvido y el silencio
Y luego el canto

Y al final la muerte, que, como siempre, me espera hasta que llegue.
Y al final la muerte.
Porque al final, tú lo sabes bien, está siempre la muerte.

miércoles, 25 de julio de 2012

En otra vida



Un texto hilado al calor de una de las conversaciones más placenteras que he tenido...
Para usted, señorita Lupe Silla, porque juntas nos inventamos esta historia que a ninguna pertenece.


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Ayer nos volvimos a ver.
Lo digo así: "Nos volvimos a ver" porque estoy segura de que tus ojos morenos estuvieron a diario en mi vida alguna vez. Los conozco tanto que sé exactamente el color claro del que se visten cuando saludan al sol de frente, y veo, sin verla, la oscuridad seductora con la que ordenan, suavemente, que me quite la ropa.
Mientras caminábamos y me contabas de lo que hiciste ayer, tomé tu mano con la misma naturalidad con la que bebo de un vaso. Y es que, ¿de qué otra forma podría yo tomar la mano que me invitó a bailar por primera vez? ¿de qué otra forma podría dejar que mis dedos cosechen el aroma de tu piel, cuando ya sé, sin haberte olido aún, que hueles a manzana y miel? 

No escuchaba tus palabras. ¿Para qué escucharlas? Conozco, sin que me los dijeras, los caminos por los que transitas, porque los caminé yo a tu lado; Sé perfectamente que amas desayunar mango sentado a la orilla de la cama, que nunca estuviste contento con la carrera que estudiaste, y que crees que nada hay más sagrado que tres dedos desabrochando una blusa de algodón.

Hasta hace unos minutos, éramos perfectos extraños, y ahora sé, porque lo siento, que nos conocimos antes, mucho tiempo antes...

(Alguna vez, quizá, yo fui tu Don y tú mi querida, y salías corriendo al jardín de flores cada que escuchabas los cascos de mi caballo. O tal vez, fuiste tú un estudiante de la India en tierras inglesas, y yo una muchachita que tomaba té justo afuera de tu escuela…)

...sé que nos conocimos, y que nos amamos hasta la locura, hasta la plenitud, y que después... después nacimos a esta vida, donde hoy, sin quererlo, nos volvimos a encontrar.

Y así, andando, llegamos a un cruce de caminos. Ambos sabíamos que era tiempo de decir adiós.
Me abracé a ti, susurré en tu oído el nombre por el que te llamé tantas veces, y me dispuse a seguir caminando, sin ti, sin tus ojos, sin tus manos, sin tu piel, pero sabiéndome ahora dueña de una vida completa junto a ti.

¡Padre augusto,
conozco el nombre del extranjero!
¡Su nombre es... Amor!"

De la ópera "Turandot" de Puccini

miércoles, 16 de mayo de 2012

El efecto...

Cuando te vi por primera vez, ni siquiera voltee a mirar de nuevo. Nada de tu rostro, o de tus manos, o del perfecto espacio entre tus oídos y tus labios, nada, absolutamente nada, me previno contra ese efecto que, me enteré después, tienes en cada hombre que se atreve a mirarte.
Ese día, después de comer frente a ti sin voltear a verte, volví a casa, leí a Kant, resolví unas cuantas gráficas, y dormí sin la más ligera sospecha de que, lentamente, me envolvías en tus redes.
No volví a pensarte hasta que una chica, sin previo aviso, me contó de ti...
Que eras lista, que leías bastante, que reías a menudo y que, por alguna extraña coincidencia, estabas sola, igual que yo.
Empecé a buscarte por los pasillos de la escuela. Me enteré que llevabas Problemas con la prima de una amiga, y que comías dos tardes sí y tres no en la fondita de la esquina.
Empecé a soñarte.
Sin que supiera cómo, tu voz reemplazó a mis cd's de Nirvana, y el mapa de las pecas en tus mejillas a mi libro de integrales y derivadas. De la nada me hice amigo de la prima de mi amiga, y de la dueña de la fondita. Te escribí tres poemas, que acabaron todos en la basura porque no los sentía a tu altura...
Ayer volví a verte.
Llevabas lacio el cabello negro, rojos los labios y soñadora la mirada. Te pusiste un poco de perfume y una sonrisa que le hacía juego a tu piel color avellana.
Caminé hacia ti lenta, muy lentamente.
Me saludaste, y me dejaste poner mis labios en tu mejilla.
Te acordabas de mi nombre, y yo no podía dejar de mirarte.
Bailamos, tú te veías adorable.
Enloquecí. Quise besarte.
Pusiste tu mano en mi mejilla, y me hablaste al oído muy suavemente...

Y así, después de tres palabras, te fuiste.
Yo me quedé al centro de la pista, envuelto en tu aroma, y más solo que nunca.

Mañana, sí, mañana volveré a buscarte.

lunes, 12 de marzo de 2012

Con "C" de Cuchara

En mi pelo la lluvia

En el pasto, tu infancia

En la columna una historia

En sus oídos nuestra risa

En las letras, nostalgia...

Todo cambia. Nosotros cambiamos también.
Ya no me reconozco. Ya no me encuentro entre ustedes.
Dejé de ser la que fui y ustedes, ustedes tampoco son los que fueron.
¿Nos atrevemos a reinventarnos? ¿A revivirnos? ¿A reconocer a un par de desconocidos?

Alguna vez, entre la lluvia, me atreví a llamarles amigos.

jueves, 2 de febrero de 2012

Secreto

Hay en esos labios delgados, un reto.

Hay en los dedos precisos, un hechizo.

Las uñas melón se me aparecen a diario, entre sueños.

Lo juro, no he enloquecido,
su codo es provocación,
y su rodilla la más clara señal de estamos en guerra.

Aparto la mirada.
Mañana, se lo diré mañana.