miércoles, 22 de febrero de 2017

Al final del día...

Tiene 94 años, y la semana pasada se escapó de su casa y se perdió... tres veces.

Sentado frente a mi escritorio, sombrero campesino en la cabeza, manos morenas, arrugadas y fuertes, espera.

Su hija pelea, grita, se enoja, discute, dice groserías. Está enojada y frustrada y cansada de las responsabilidades que le han tocado.

De pronto, él me mira. Y me mira en serio. Una de esas miradas en las que no hay duda que la otra persona de verdad, de verdad, está mirándote.

Y así, sosteniendo la mirada, ignorando a su hija, empieza a contarme de su pueblo en Guanajuato. "Mi padre me dijo que nací el 22 de marzo de 1922..."

Tiene 94 años, ha perdido casi toda la memoria, pero recuerda bien cinco cosas: a su padre, a su pueblo, dos poemas, y la danza de "El Loco" con la que conoció a su esposa.




viernes, 9 de septiembre de 2016

Mi herencia

De mi padre, heredé la belleza.

No, no belleza física. Los dos tenemos narices grandes y ojos hundidos. Heredé belleza de esa que dura hasta después de que la cabeza se queda sin pelo, y las manos se arrugan más que pasitas para ponche navideño.

Mi papá me heredó música y poesía. Me heredó, desde que era una niñita de 5 años a Alberto Cortez, a Mercedes Sosa y a Cabral. Mi papá me sentó en sus rodillas para que escucháramos juntos las letras de Serrat. Así, niña, me pidió que cerrara los ojos, y que me imaginara al metro de la Ciudad de México desde una canción que lo describía como si fuera un extraño regalo:

"Cargando arriba y abajo 
íntimos desconocidos, 
amaneceres y ocasos 
con dirección al olvido."

Cuando tenía 12, compró un aparato de sonido, y puso la novena sinfonía de Beethoven a todo volumen. Los dos nos sentamos en la sala, con tazas de té. Nunca me he sentido más feliz que esa tarde. Era como si de pronto alguien estuviera compartiéndome el secreto de la vida, aunque nunca haya terminado de comprenderlo.

Mi papá me heredó versos de Neruda y gotitas de sabiduría a las que vuelvo todavía de vez en cuando (no hay camino, se hace camino al andar). Me contó de las luchas en Argentina, y del origen de la fuerza de una Mercedes Sosa que canta como montaña. Crecí con un "gracias a la vida" en las entrañas.

Y cuando le dije que me iba a echar a volar, mi padre me escribió una carta corta y bella para recordarme que libertad era elegir aceptando las consecuencias de cada decisión. Su carta fue firme y tajante. Se aseguró, no obstante, de que la belleza me siguiera aún después de dejar el hogar: Cultivó un par de rosales y se aseguró de que llegar a mi nuevo hogar con una rosa fresca cada inicio de semana (te llegará una rosa cada día, que medie entre los dos una distancia...)

De mi padre, de mi bello padre, heredé la belleza de tomar alegrías, dolor y tristezas, y escribirlas en poemas en la orilla de barquitos de papel.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Every now and then, I am reminded that I once knew deep pain.
A sound, a word, a flashing memory... Every now and then, usually when I think it's all over, I am reminded that I am still wounded. That I still need to heal. That, maybe, I will be forever healing.

I will be forever healing.

The pain, however, is different everytime. Last week, I even felt a weird kind of joy while remembering my wounds. Today... well... today was different. Today I melted into darkness and resurfaced all bruised and tired.

But it's slowly getting better. It is, right? It must be. At some point, one day, maybe, this particular pain will only be a memory. A fact. A place. A name. And nothing more. One day, this will be reduced to a very complex story. One from which I can get strength, courage and vulnerability.
You know... Today I realized that I no longer remember your face.

Fin de semana

Duele.
Duele a borbotones.
Las heridas son las mismas, aunque se abran diferente.
Soñé con él.
Soñé que estábamos juntos, en un cuarto, y yo le preguntaba si me había sido infiel con Claudia, y él reía y admitía que sí. Soñé que le preguntaba si había habido más chicas, y me decía el nombre de dos más. Soñé que le preguntaba por la llave perdida, y admitía sorprendido que sí la había escondido. Soñé que colapsaba. Soñé que me quedaba a ayudar.
Estoy cansada. No dormí bien.
Norma está débil. Cansada. No durmió bien.
Justo ahora, maneja hacia Pasadena.
¿La última búsqueda en mi celular? "Emergency mental health care in San Jose"
Y una dirección parpadeando en maps: 871 Enborg Ct.
Nos vi llegando allá. Me vi pidiendo un Lyft para llevarnos allá, y otro trayéndome de vuelta.
Me vi sentada en un pasillo de hospital, con mi sudadera de Stanford y un vaso de café malo en la mano, esperando.
Me vi faltando a mi trabajo, y explicando que había tenido que llevar a una amiga al hospital.
De pronto, hablarlo, contarlo, sonaba a un alivio.
Estoy cansada.
Duele. Duele a borbotones.

Encendedor

Abrir. Encender. Apagar. Cerrar.

El click metálico.

1 de la mañana. Mi cuerpo desnudo en tu cama. Tu cuerpo, vestido, en el sillón. Tus dedos en el encendedor. Mis ojos en tus dedos. La mente de ambos, el alma de ambos, todo lo demás de ambos, ahogándose en esa oscuridad infecciosa que nos rodeaba a diario.

2 de la mañana. Mi cuerpo desnudo en tu cama. Tu cuerpo, a medio vestir, en la alfombra. Tus dedos en el encendedor. Mis ojos cansados, en tus dedos. La mente de ambos, el alma de ambos, todo lo demás de ambos, ahogándose en esa oscuridad infecciosa que nos rodeaba a diario.

3 de la mañana. Mi cuerpo desnudo y mojado, en tu cama. Tu cuerpo, desnudo, a lado del mío. Tus dedos en el encendedor. Mi sexo en tus manos. La mente de ambos, el alma de ambos, todo lo demás de ambos, ahogándose en esa oscuridad infecciosa que nos rodeaba a diario.

Abrir. Encender. Apagar. Cerrar.

La oscuridad impregnada en tus dedos. La oscuridad colándose entre mis piernas. Mi cuerpo lleno de oscuridad.

El click metálico.


El click metálico.

martes, 3 de mayo de 2016

Wounds

Tengo, a mis 23 años, una buena y variada colección de heridas.

He descubierto, con el tiempo, que se entrecruzan por debajo de la superficie de mi piel, aún si a simple vista parecieran heridas separadas.

Y entonces, cuando estoy en el trabajo, y hay 3 personas distintas pidiendo mi atención, y mis dos manos no bastan para ayudarlos a todos, se abre, a lado, una herida distinta, más profunda, más dolorosa, y muchas veces tan olvidada que ni la reconozco.

Deslizarme, después de eso, en una mezcla de melancolía y ansiedad, es sencillo.

Dos canciones, una mordida a la manzana dulce que compré ayer, y 30 minutos caminando en el bosquecito que encontré cerca del trabajo. Eso basta. Sólo eso basta para estar de nuevo sumergida en un mar de tristeza, en un mar de dudas... En un mar que, últimamente, me parece dulce y cómodo y plácido y amable. Un mar que, con todo y eso, es doloroso y da miedo.

(There's a reason why most people avoid deep relationships: It is easier to drown once you're 30 feet down)

La mayor parte del tiempo, nado en mi dolor con la cabeza afuera. Respiro amor y alegría y esperanza una vez cada tres latidos del corazón. Me he vuelto experta en descender hasta lo más profundo del dolor, y salir con una broma ligera, o un comentario sin sentido, o alguna tontería inesperada, a llenar mis ojos de luz.

Pero a veces no salgo. A veces me atrapan las ramas en el fondo del lago, o mis piernas dejan de empujarme hacia arriba como deberían. Y me ahogo. Me ahogo hasta quedar inconsciente y aflojar mi cuerpo, y subir de nuevo, no sé bien cómo, y sin sentirlo, a la superficie.

Insensible, entumida. dormida, salgo del dolor para vivir de nuevo en la dulce superficie de la vida.

(Give me the burden, give me the blame, how many Holy Mary's is it going to take?)
Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful. Pain. Painful.

NUMB. NumB. NUMB. numb. NUMB. NumB, NUMB. numb. NUMB. NumB. NUMB

NUMB ENCORE

NUMB ENCORE

NUMB ENCORE

Pain. Labyrinthical pain. Pain that comes over and over again. Hopeless pain. Helpless pain. Power taking pain.

Neverending, ever-extending, self-nourishing pain. 

Spiral pain. Deep pain. So deep it doesn't hurt. Numb encore.

Crippling pain. Pain. Senseless pain. 

I'm lost. I feel so terribly, so deeply lost in this pain.

I'm drowning in my own pain, and breathing just enough to etch a smile on my face.

Why does it hurt so much? How on earth did I give up so much of myself?

I'm hurt. Wounded. Bleeding. 

And still I stand. And still I walk. And still I smile.

Pain. Neverending, ever-extending, crippling pain.