Mi maestra, Miss Conny, me daba clases de Inglés en la primera escuela a la que asistí. Mis padres aún recuerdan la famosa canción de "pollito, chicken" que me enseñaron allí. Recuerdo a mi maestra, rechonchita, alta, con una mirada bondadosa y una sonrisa casi eterna. La recuerdo parada al frente de la clase, enseñándonos no recuerdo bien qué, pero, siendo los nombres lo que menos importa, hasta hoy recordé cómo se llamaba. Me dolió recordar todo esto, y ver frente a mi a una mujer distinta a la que estaba grabada en mi memoria. La bondad sigue impresa en su cara, pero ha perdido su sonrisa, para recuperarla sólo por momentos. Sigue siendo alta, pero ahora se ve muy delgada. Hasta hoy me enteré de que mi maestra ya no está tan sana como solía estarlo. Hasta hoy supe que fue ella la que sugirió que nos cambiaran de escuela a mi hermano y a mi. Hasta hoy noté con aprecio cómo un maestro, a pesar de los cientos de alumnos a los que enseña, puede recordar a dos en particular, aún cuando hayan pasado más de 6 años desde la última vez que los vió. Y pude asegurarme de que la imagen de mis maestros no se borra tan fácil, cuando, aún a través de la ventana de un carro que se alejaba
Dejo este texto como testimonio de la alegría que me causó encontrarme con una figura de mi infancia, con un modelo al que deseé seguir de pequeña, y lo dejo también como testimonio de la reflexión por la que pasé el día de hoy, como testimonio de que hoy detuve por un momento el curso del tiempo.
