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jueves, 2 de febrero de 2012

Secreto

Hay en esos labios delgados, un reto.

Hay en los dedos precisos, un hechizo.

Las uñas melón se me aparecen a diario, entre sueños.

Lo juro, no he enloquecido,
su codo es provocación,
y su rodilla la más clara señal de estamos en guerra.

Aparto la mirada.
Mañana, se lo diré mañana.

lunes, 16 de mayo de 2011

Granizo

La tarde en que te fuiste Carmela, granizó. Yo tenía la ventana abierta porque llovía, y el olor a lluvia siempre me sabe a ti. Ese día comí arroz pasado de sal, y más húmedo que de costumbre. La señora del mercado (esa que tanto te hacía enojar cuando me sonreía a mí y no a ti) miró mis ojos rojos y me sirvió sin hablar siquiera. Comí solo, pagué la cuenta (sin guiñarle el ojo, porque no estabas tú para que eso te enfadara) y mis pies me arrastraron a casa.
No te extrañaba, no te extrañé, no me hacías falta...
Ese día, como todos los días desde hacía ya Dios sabe cuántos años, me senté frente a la tele con una taza de café en la mano. Di el primer sorbo de aire (verás, jamás aprendí a usar tu cafetera italiana) y me dispuse a soportar con paciencia la hora y media que duraba tu estúpido programa.
De pronto, el aire me olió a lluvia y supe que, tras la sequía, el cielo volvería a llover vida. Sin apresurarme, abrí la ventana, saqué mi rostro y dejé que tus besos (alguna vez me dijiste que el cielo me besaba) mojaran mi cara.
La tarde en que te fuiste Carmela, granizó.
Estábamos secos de rutina, sedientos de vida...
Esa tarde Carmela, se nos heló el amor.

lunes, 14 de marzo de 2011

Sangre




Cuando la luna descubrió la sangre, las sombras ya habían ocultado al asesino...
Carlos Alvarado Ugalde


Esta historia empieza como toda historia de amor. Éramos los dos jóvenes: ella misteriosa y suave, y yo poeta loco, tonto y enamorado.

De noche y a la luz de la luna bordaba en versos la añoranza de sus besos. ¿Que si la amaba? ¡Habría muerto por ella! Y ella... Ella juraba amarme. ¿Qué historia ha habido más bella que la que empezó en una caricia de sus labios de ángel? ¿Qué cuento más ridículamente tierno que el que mis manos tejían con su aliento?

¡Ah! ¡Cómo adoraba ella mis brazos de hombre! ¡Cómo juraba que en su mente estaba sólo mi nombre!

Y luego.. Luego no sé bien qué pasó.
Una noche llegó ella a mi puerta, vestida de blanco y sobre un blanco caballo. ¡Qué terriblemente bella se veía esa noche! Las estrellas y la angustia brillaban en el carbón de sus ojos, sus mejillas morenas ardían de esfuerzo, y sus labios entreabiertos...

Esa noche sus labios pronunciaron las palabras fatales. En una frase llenó de helado viento mi pecho y paralizó mi razón.

Que se iba, que no volvería a verme, que la olvidara y siguiera viviendo...

Así como llegó, se fue. Jaló las riendas y el caballo giró con ella sobre el lomo.

Yo no la seguí... Me quedé clavado en el piso, parado bajo un cielo que, de repente, se había quedado sin luna... La oscuridad me cubrió como único abrigo, me envolvió y me llenó, así como lo había hecho el frío.

Pasé semanas quemando mis versos, buscando en el fuego el calor que se había ido junto con ella a lomos del caballo.

Ayer hizo un mes de esto.
Fui a su casa armado con un cuchillo de plata. Sus ojos se abrieron redondos al verme al lado de la cama. Los de él, los de su esposo, me miraban con miedo, con odio, con desprecio.. ¡Ah! ¡Si supiera él lo que yo leí en las pupilas de su mujer!

Clavé el metal sobre el encaje de su bata, porque quería ver si por dentro ella también estaba helada. De la herida brotó una cascada de cálidos rubíes que se filtraban entre mis dedos, como agua tibia en las manos del sediento. La sangre empapaba de calor y traición su camisón y mis mangas. Por un instante me sentí vivo de nuevo, y después huí, me escondí en una vieja casa en la montaña.
Entonces, un rayo plateado iluminó el piso cerca de la ventana... Podría haberme entregado a la luna en ese instante, pero las sombras, una vez más, me rodeaban y protegían de su mirada.

jueves, 3 de febrero de 2011

Golpeando...



El saco rojo y lleno de aserrín cuelga del techo de mi recámara. Se mece inocente, sabiéndose más amigo mío que víctima o contrincante.
Su superficie me ofrece (como si fuera hombro o pañuelo suave) consuelo y apoyo para mis penas temporales.

La música está a todo volumen. La puerta, cerrada y mi madre en una habitación lejana (porque, como sabrán, todo esto a mi madre le inquieta y desagrada)
Tiro el primer golpe con suavidad, como saludando a mi cómplice en la fragilidad.
(¡Soy tan débil! Son cosas muy simples las que me preocupan y tensionan)

El segundo va fuerte. Sé que pronto estaré bien.

Cuando mi puño toca la lona, siento una oleada de alegría y de emoción que, por un momento, me libera de la tensión que me aprisiona todo el tiempo.
Entre latido y latido, el dolor de la espalda disminuye hasta trocarse por una sensación de ligereza, energía y fuerza.
Hay un placer inexplicable en el sonido de la sangre martilleando en mis tímpanos. El ritmo de mis pies brincando, preparando al resto del cuerpo para el siguiente ataque, es regular y tranquilizante.
A los 10 minutos mis brazos ya protestan, pero me rehuso a descansar;
ya siento lágrimas bajo los párpados (síntesis de dolor, alivio, orgullo y salvaje alegría)

Al tiempo que la primera de ellas cae para regar la madera del suelo, me obligo a golpear desde el hombro. Cae la segunda y el golpe va con la fuerza de mi torso completo. Finalmente, ante la cálida cascada que nubla mi vista, golpeo con todo lo que soy, con todo lo que pienso, con todo lo que siento... Con cada fibra de mi corazón, mente y cuerpo.
En el último golpe una sensación de tranquilidad recorre el camino desde mi puño hasta mi intelecto.
Me quito los guantes y hago un recuento de los daños:
Un moretón y algunos rasguños.

Recuerdos, justo precio por una tranquilidad que sentía se me escurría entre los dedos.


Golpear es una delicia...
En una fracción de segundo trueco estrés por alegría.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Huapango del autor

Escrito hace ya casi año y medio.
Léase después de haber escuchado el "Huapango Torero" e interprétese como se desee
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Una pluma en la noche, a la luz de la luna quiere escribir...
Silencio; negra se pinta una confesión en la hoja...


Ideas, dolores, alegrías, juegos, soledad y emoción


De pronto la luna hermosa ha visto algo y está llorando.
La pluma se detiene, sin haber siquiera terminado


¡Miedo,miedo asesino, ojalá y te lleve el diablo!


Silencio, el autor está llorando.


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Nota: El trocito del que saqué la idea para el texto empieza más o menos en el minuto 2 del video

sábado, 18 de septiembre de 2010

Caricia





Inspirado en una imagen hermosa, seductora... y triste.

Escrito sobre todo por el gusto de escribir, aunque también, por el deseo de delatar la hipocresía que hay detrás de gestos simples.



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En una caricia, la piel ansía conocer. En una caricia los cuerpos se invitan a entender..

El cuello de ella, delgado y blanco, se arquea suave, deliciosamente, esperando un roce más de sus dedos morenos y fuertes

Él recorre su piel lenta, provocativamente. Olas de dulce frescor la inundan. La piel de ella florece, intentando enredar con su aroma a los dedos que exploran.

Ella cierra los ojos apreciativamente. Él sigue, pícaro y travieso, jugueteando con su cuello y su pelo.

De pronto llega él, el otro, el que a ella sí que la ha besado.

El encanto se rompe dolorosa y angustiosamente. La caricia cesa.
La culpa se divierte abriendo los ojos de ella, dibujando una sonrisa falsa en el rostro de él...

La chica entonces se levanta y planta un beso frío en los labios de su novio, sabiendo que su piel no debió dar flores para las manos del otro, recordando culpable y ansiosamente el placer de sus dedos canela danzando cuello arriba, cuello abajo, espalda arriba, espalda abajo...

martes, 10 de agosto de 2010

Choque





Esa tarde, verdaderamente, se apagó una llama a pocos metros de donde yo estaba escribiendo. Y yo no pude hacer cosa alguna.


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A media luz las letras saben mejor. Como si el sonido de la pluma acariciando el papel susurrara lo que se ha escrito, como si el humo me envolviera con mis propias palabras.

Miro por la ventana y aún llueve. Un rayo me regala un vistazo de la noche que se moja allá, lejos, fuera del calor de mi pequeña llama

Y entonces oigo los gritos...

Allá, escondidos spor una cortina de pinos, dos autos, dos vidas, dos mundos... Chocaron

Pasan las horas, la gente sigue gritando. La lluvia no cesa, el viento sigue soplando y la luz de una vela se va, poco a poco, apagando

domingo, 25 de julio de 2010

Amor de luna



Textillo escrito más de broma que en serio.
Sin embargo, he de confesar, que fue inspirado en un hecho real.
¿Quién no querría escribir después de ver a un niño de dos años correr queriendo atrapar a la luna?

Para Tom

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Dicen que de pequeño me enamoré de la luna...
Yo no les creo

¿Cómo puede un chiquillo saborear los besos que yo siento cuando junto a la ventana duermo?

Cuentan que sonriendo la vi en el cielo e intenté alcanzarla corriendo

¡Pamplinas! ¿Cómo podría un chicuelo adivinar su blanca sonrisa tras el velo?

¿Que si me enamoré? Eso no lo sé de cierto

Pero que corrí intentando alcanzarla, que tropecé, caí y perdí la conciencia, eso sí que lo creo

Quién sabe, quizá perdí conciencia y cordura al mismo tiempo, y ya no recuerdo lo que es ser verdaderamente cuerdo.

Ella, mi musa, se refleja en mi pupila, y me dice que prefiere un amor loco a un amor muerto.
Yo, a ella, todo le creo.