martes, 11 de abril de 2017

Triggers

Las heridas están en capas, como las cebollas.

Después de una cesárea, le piden a la mujer recién operada que camine mucho. Herida recién abierta, las ves en los pasillos de los hospitales, de la mano de amigos y familiares, caminando con pasos pesados y lentos.

La idea básica detrás de esto es que si no se mueven, las capas de piel y músculo se adhieren entre ellas, y entonces, cuando la vida vuelve a la normalidad y exige la misma movilidad que antes, las heridas vuelven a abrirse.

Yo fui herida también. Y mi herida sanó. Y caminé, tanto como pude, de la mano de amigos y familiares. Y me moví (lejos, a 3000 kilómetros de distancia).

Con todo y eso, hay todavía pedacitos del tejido de mi corazón que no se hilaron correctamente. Y a veces, como hoy, escucho una historia hermana, y la herida se abre, y me muestra cómo, por dentro, muchas cosas todavía no están bien acomodadas.

La herida de hoy fue la de la distancia. Fue la de huir de la tierra a la que uno ama. Y es una herida que está entrelazada con el miedo; con el genuino temor de que no habrá forma de sobrevivir si una se queda en donde está. Es una herida que te sigue aunque te muevas, porque la llevas en ti. Pasaste mucho tiempo dándole vueltas al tema y entrelazaste todo ese dolor, con una extraña e irracional sensación de culpa.

A la chica con la que hablé hoy la violaron seis hombres, al mismo tiempo. Ella peleó tanto como pudo contra los primeros 5. Contra el sexto, ya no opuso resistencia. Todavía, de vez en cuando, tiene que luchar contra el pensamiento de haber sido "una prostituta" ¿Cómo es que no luchó contra el sexto? El sentimiento de culpa es real, aunque racionalmente ese pensamiento sea casi absurdo.

Yo estuve con Mario mucho tiempo. Demasiado tiempo. Viví muchas cosas con él. Y aún a veces me pregunto si mucho de lo que viví fue mi culpa. Si estuvo mal. Si haber robado su cartera esa mañana restaba a mi honestidad. Si haberlo empujado esa tarde me hacía a mí la violenta. Si ese extraño sadismo que vivimos algunas noches, hablaba de algún tipo de desorden bien adentro de mí.

Las heridas están en capas, como las cebollas. Yo, para sanar, camino. Camino lejos. Bien lejos. Y cuando mis heridas se abren y sangran, camino más fuerte, más lejos, más en serio.

Algún día, caminando, llegaré a casa.

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