sábado, 2 de enero de 2016

31 de diciembre

8:00 de la mañana. Me despierta una llamada de mi hermano, que está en el otro cuarto, avisándome que mi ex novio está en la reja.

8:30 de la mañana. Miro a través de las cortinas que tejió mi madre, y veo, detrás de la reja, a Mario, y de mi lado, a mi mamá y a mi hermano intentando alejarlo

8:35 de la mañana. Tomo la fría perilla de la puerta, la giro, tiro de ella, y salgo, descalza y en pijama, al patio.

8:40 de la mañana. Decido que me quedaré a hablar con él. Le pido a mi hermano que se quede conmigo.

8:50 de la mañana. Mario quiere un banquito para sentarse. Insiste, usando todas las herramientas posibles, en que le permita entrar, o que salga con él, o que, de alguna forma, estemos más cerca el uno del otro.

9:30 de la mañana. Sale mi padre. Le pide que empiece a despedirse. Yo sé que es decisión mía, pero creo también que ya ha sido demasiado, aún cuando no estemos ni a la mitad de la historia.

10:00 de la mañana. Lo miro, parado en el campo de enfrente de la casa, peleando con la señal de su celular.

10:47 de la mañana. Un correo suyo: Perdóname, perdóname. Vuelve y todo será diferente.

11:00 de la mañana. Mi mamá sube a mi cuarto con un té y galletas de las que preparamos mi hermano y yo el día anterior.

11:20 de la mañana. Después de todas las llamadas, cierro los ojos, y me hago bolita en mi cama. Me quedo dormida.

2:09 de la tarde. Entra una llamada a mi celular, del Consulado de México en San José. Se abrió una plaza. Está disponible para mí desde el 1 de enero. Debo decidir ya.

3:35 de la tarde. Envío un correo aceptando. Acabo de tomar una de las decisiones más importantes de mi vida.