miércoles, 3 de agosto de 2016

Fin de semana

Duele.
Duele a borbotones.
Las heridas son las mismas, aunque se abran diferente.
Soñé con él.
Soñé que estábamos juntos, en un cuarto, y yo le preguntaba si me había sido infiel con Claudia, y él reía y admitía que sí. Soñé que le preguntaba si había habido más chicas, y me decía el nombre de dos más. Soñé que le preguntaba por la llave perdida, y admitía sorprendido que sí la había escondido. Soñé que colapsaba. Soñé que me quedaba a ayudar.
Estoy cansada. No dormí bien.
Norma está débil. Cansada. No durmió bien.
Justo ahora, maneja hacia Pasadena.
¿La última búsqueda en mi celular? "Emergency mental health care in San Jose"
Y una dirección parpadeando en maps: 871 Enborg Ct.
Nos vi llegando allá. Me vi pidiendo un Lyft para llevarnos allá, y otro trayéndome de vuelta.
Me vi sentada en un pasillo de hospital, con mi sudadera de Stanford y un vaso de café malo en la mano, esperando.
Me vi faltando a mi trabajo, y explicando que había tenido que llevar a una amiga al hospital.
De pronto, hablarlo, contarlo, sonaba a un alivio.
Estoy cansada.
Duele. Duele a borbotones.