domingo, 22 de noviembre de 2015

Vietnam

En mi clase de Historia, el profesor nos contó del orígen de la Segunda Guerra Mundial: Para él, había sido todo culpa de países enanos que habían arrastrado a la guerra a los países más grandes.

Así me siento ahora.

Estoy atorada en un Vietnam que no tiene ya salida. Desde niña me he armado para ser fuerte, para conocerme. Tenía 12 cuando me sentaba a la mesa con mis padres a evitar un divorcio. Tenía 15 cuando me enteré que mi hermano era homosexual, en una familia de rancheros, y fui yo quien tuvo que explicárselo con calma a mis padres. Tenía también 15 cuando conocí a un hombre que me amó y al que amé con toda la dulzura con la que se puede amar.

Y a los 19, en un arranque de locura, decidí embarcarme en una relación que, hasta ahora, me tiene atrapada.

Empezó como explosión. Descubrí que mi capacidad para conciliar era producto de un uso extremo de la racionalidad. Así que, de pronto, la lancé al aire y me dediqué a explorar mi lado más pasional. Ira, orgullo, deseo...

Dos meses de alegría salvaje, de estar ebria de libertad. Dos meses a su lado, bien.

Y después, la tormenta.

¿Cómo explicar la desesperación de ver a un hombre deshaciéndose frente a ti?
¿Cómo poner en palabras el dolor de un alma que se desgarra, a tan sólo un brazo de distancia?

Escribir sigue sin bastar para expresarlo. La imagen es todavía demasiado dolorosa. Mis dedos no encuentran aún teclas que describan lo profundo que llega una simple palabra: "Mátame".

La reacción inicial es la incredulidad. la negación. Luego un vacío, un inmenso vacío, un instante larguísimo en el que el golpe te deja sin sensación. Numb encore.

Y entonces, las alarmas, el pánico: ¡Tienes que actuar! Pero, ¿cómo?¿dónde?¿y si no es en serio?

A mi lado, él dormía.

¿Y si lo dejas solo y vuelves para encontrarlo sin vida? Pero no puedes quedarte siempre.

Te levantas, tomas su celular, llamas a su madre.Y la llamada: Hola, son las 6 de la mañana, lamento despertarla. Soy ... y temo seriamente por la vida de su hijo. Ha estado diciendo esto y esto.

Tomo el siguiente vuelo. Mantenlo con vida hasta entonces.

En la voz, notas el mismo golpe de emociones que recibiste la noche anterior. Cuando vuelves, vuelves con alguien, para que fuerce la puerta si es necesario. Para que lo sostenga y lo mantenga con vida.

Te quedas con él toda la mañana, hasta que ella llega. Y entonces ves el enojo en sus ojos. El odio.

Y después de eso, un par de semanas de zozobra. Un par de semanas casi sin contacto. Al otro lado, su madre, pidiéndote que te mantengas lejos. Mientras tanto, el danés, tu exnovio... Los dos mostrándote que se puede vivir muy distinto. Que amar no tiene porqué doler. Que puedes ser protegida y querida y cuidada sin nada a cambio...

Y luego las llamadas en la noche, los celos, la charla en Skype... Y sin saberlo, estás de vuelta en la misma relación. ¿Por qué volviste? ¿Por qué volver? ¿Por qué?



Intelligence

The thing with a relationship between two intelligent persons is that there is lots of deceiving going on, at the same time, in different levels of consciusness.
They are both so aware of themselves, and of the other, that deceiving becomes way too easy.
It all becomes this sick game where each is a number of steps ahead of the present time, but never in the same place at a time.
I am an intelligent person. He is too. We both know each other way too well. So much, that we try to protect ourselves from the other, while trying to stay open, while trying to cover.... 
This just won't work. Not anymore.

Tarde confusa

Tienes una necesidad inmensa de estar triste, de llorar.... ¿Qué te hace falta para estar bien?

De montar una bicicleta con las ruedas rotas, paso a volverme un hada pequeña de luz, montada en la melena de un león. Estamos conectados, él y yo. Mis brazos lo guían, mi voz es su rugido, mi pensamiento, la velocidad de sus latidos.

Nos enfrentamos a un ser horrible. Gris, con colmillos filosos, rabioso...  (Y en la esquina del patio, Bi y Ani en un auto, contándome que recién había pasado una balacera) Y cada golpe contra él lo vuelve más grande, más oscuro, más terrible. Cuando la batalla está a punto de perderse, intentamos acariciarlo y queda inerte, como tabla rota, en el suelo.

Soñé mucho hoy. Y estoy convencida de que hay significado, pero no lo entiendo, como no entiendo mucho de lo que pasa a mi alrededor, o de lo que me pasa o siento.

¿Equilibrio? ¿Estar demasiado atrapada en el pasado? ¿Orgullo? Fuerza, coraje, honestidad.... 

He saboreado el enojo, el odio, la decepción, la frustración, la sensación de abandono.
He saboreado el miedo, y la preocupación, y la duda.
Y a todos esos, los he encontrado justo después de la calma, o la alegría, o la dulce y sana tristeza.

No sé si mi cuerpo y mi corazón dan para sentir tanto. O sí dan, pero no alcanzo a transformarlo.

En mi cabeza, las emociones deben convertirse en algo. En acción. En decisión. En alegría. Pero han sido tantas, y tan extrañas, que no alcanzo ni a agarrarlas siquiera.

Estoy inquieta. Confundida. Siento que no alcanzo a conectar lo que siento con lo que pienso y con lo que hago. Siento que todo está mal: Mi trabajo, mi novio, mi relación con mis padres, mi cuerpo... Pero creo que en realidad es que yo estoy mal. Que en realidad no puedo decidir sobre todas esas cosas sin arreglarme a mí primero. Sin entender... Quiero entender. Quiero saber qué está pasando.

Mientras escribo, platico con Norma. Creo que esta es, todavía, la herida del 2013. Creo que no cerró. Que no puedo pretender que haya cerrado sola.

Y entonces recuerdo lo que Mario dice: Que las palabras son poderosas y que decir que estoy rota, o que estoy mal, o lo que sea, sólo lo empeora. Pero, aunque intento precisar, no lo logro.