jueves, 2 de octubre de 2014

Historias


Todos tienen una historia que vale la pena ser escuchada… Incluso yo.
Hasta hace poco, mi vida era absolutamente perfecta: Una familia unida, excelentes calificaciones en la escuela, un novio estable… Y de repente, la tormenta.

Fue todo decisión mía. Supongo que sabía ya que me hacía mucha falta. El punto es que de la noche a la mañana terminé con mi novio, me alejé de los consejos de mis padres, y dejé de concentrarme en la escuela para dedicarme en cuerpo y alma, a sentir y a vivir todo lo que hasta ahora no había vivido.
Se desataron de golpe una serie de historias de amor, de desamor y de aventura que llenaron los últimos tres meses del 2012 de zozobra, intensidad y alegría.
Eric fue el primero.
Nos conocimos en clase de matemáticas. Él leía y yo pregunté el título… “Bonjour tristesse”. Entre derivadas e integrales, nos las ingeniábamos para cruzar un par de palabras. Él prometió enseñarme de filosofía, y yo, ser su primer y mejor alumna.

Lenguaje corporal

La vida es bella, ya verás, cómo a pesar de los pesares tendrás amigos tendrás amor, tendrás amigos....

El dique se rompió hoy en clase. En unas cuantas letras, en un diálogo mudo en papel, él le dió vida a lo que dolía. Y lloré suave y en silencio, sin pensar mucho en que los demás me miraban.

El problema aquí es amar. Ese es siempre el problema. La solución es siempre la misma: amar.

¿En qué me metí cuando empecé una relación con él? Pero, sobre todo ¿qué hacer ahora?

Dejo que lo que Alberto dijo se asiente en mi mente. Me río, lo cuestiono, lloro. Y ahora? Lo bloqueo. Lo he bloqueado a propósito. Postergué hasta olvidarlo.


Me he armado sola. Mis padres me dieron la libertad suficiente para construirme a mí misma. Y sigo en construcción.

Amé. Sé amar. Sé desprenderme de mí y fundirme con el otro. Pero necesito confiar, necesito saber que él está dispuesto a lo mismo. No puedo amar si no soy amada.

Me apasioné por Mario. Intenté amarlo y no pude.

¿Qué hacer ahora? ¿Qué hacer?

¿Qué quiero?
¿Qué necesita él?

Puedo empezar por lo que no quiero: No quiero volver a la relación que tuvimos antes. Si volvemos será con los dos requisitos de arriba: poder confiar en él, y saber que él me deja conocerlo. A esos debe agregarse respeto...

(Aunque ya sé bien que no ocurrirá)

Puedo estar para él. Puedo escucharlo si necesita hablar, salir a caminar con él si quiere salir...
Pero debo ser bien firme en no besarlo, en no entrar a su cuarto.

La pasión que dominó nuestra relación (esa pasión que nunca había sentido, y a la que aún cuesta resistirme... La misma que me hacía falta experimentar y que ahora es ya más dañina que sana...) no puede dominar mi vida.

Mario

Es medianoche y tú duermes. Hace frío, y hoy casi no escuché tu voz.
Te extraño, me haces falta, hasta un punto en el que me resulta casi insoportable no saber de ti.
Me has acostumbrado tanto a tu presencia, me he familiarizado tanto con tus cambios de humor, y con tu arrogancia, y con esa personalidad tuya que es tan extraña, que hoy que he estado sin ti siento que algo fundamental me hace falta.
Hoy me escribiste algo que me pareció tan acertado, que fingí no entender su significado. "Te quiero como te quiero porque te quiero".

Ah, hombre, tú rompes todos mis esquemas. Y eso me asusta. Pero, he de confesar, también me fascina. Sigo cumpliendo con aquello que decidí mientras hablaba con Lalo: Saltar.